miércoles, 4 de febrero de 2015

"Las ovejas no pierden el tren", dirigida por Álvaro Fernández Armero

Procuró mantenerse despierta durante toda la noche; su  nerviosismo la ayudó en la vigilia. Quiso convencer a Blanca de marchar juntas, pero ella prefirió permanecer en el  grupo. Había tanta seguridad en que ninguna de ellas tomaría ningún tipo de iniciativa que se dejaba la puerta del recinto apenas trabada. Así pues, comenzando a retirarse la noche, y notando cierta inquietud en las compañeras, decidió que era el momento. Se las ingenió para abrir el portón verde y, viéndose libre, abandonó la instalación a la carrera. Aminoró el paso al encontrarse en las calles del pueblo, todavía sumidas en la obscuridad. Notaba una sensación muy extraña: nunca la habían dejado sola y, al tiempo que caminaba, volvía la cabeza con frecuencia temiendo una persecución. A lo lejos un perro ladró; el corazón se aceleró e imprimió mayor velocidad a su caminar. No dudaba dónde girar ni qué callejuela recorrer; había hecho aquel  viaje miles de veces  en compañía de las demás en pos del terreno donde pasaban el día.  Al doblar una esquina, tuvo un pequeño sobresalto: un gato, al trote, se dirigía a su encuentro. Paró  a la altura del felino, pero este ni siquiera la miró y siguió su camino como si nada.
Cuando tomó el camino de tierra, tras salir del casco urbano, la noche había dejado paso a una claridad tamizada por el cielo nublado. Sentía  hambre y sed, pero no quería que nada la apartase de su objetivo. Desde donde estaba divisó al empleado que ocupaba su puesto en la cabina. Dejó la senda y atravesó el trozo de terreno poblado de altas yerbas; llegó hasta la alambrada; al hilo de esta, buscó el lugar más idóneo, algún hueco pegado al suelo para atravesarla.





 Bajamos hacia la salida, en dirección al túnel  que da paso al vestíbulo de los cines. Tras de nosotros dos voces femeninas opinaban sobre “Las ovejas no pierden el tren”: les había parecido bien. A mí también me ha gustado, especialmente la interpretación.
Los personajes principales forman unidad. Es un punto de vista muy particular, pero bien podría ser un solo sujeto el concebido por el creador, con más o menos acierto, para dotarle de distintas vidas. Órganos diferentes formando un solo cuerpo. Me parece ciertamente ingenioso. La película es una toma de partido sobre situaciones de la vida, sin aventuradas explicaciones psicológicas; el relato es amable, con un buen aprovechamiento, en detalles, de las líneas maestras del guión. Los mensajes están claros y bien construidos, aunque me surge la duda de si el público podrá sacar todo el partido que, potencialmente, presenta  la obra.


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