viernes, 28 de noviembre de 2014

Y el verbo se hizo baile: Manuel Liñán y compañía

Trajes y batas de cola negromirlo, con Madrid en danza. Breves toques cromáticos de cíngulo y pañuelo al cuello, resaltando la negritud del conjunto. Juegos en pareja con mantones de colores, y entusiasmo expreso de repetidos ¡oh! y suspiros extranjeros adyacentes  acentuados en francés. Romero de Torres en instantáneas chinescas añadidas a la congelación de las escenas. Magistral técnica en el manejo de la luz y de la sombra. Emoción en el taconeo, en el jaleo, en la cara sudorosa y en las manos, en retorcidos de brazos y tronco; en el toque de guitarra y el palmeo, en el agarrado de la bata, el mantón y la chaquetilla. Y el cante…solo, dúo, trío, y el bailarín en el centro: se comprende. Derroche de energía y buena forma, sin apenas descanso: el imprescindible para el intercambio de figura. Asomo de recuerdos imborrables del primer flamenco en vivo: camelamos naquerar, cadenas y grilletes, desgarros en el grito, semilla de comprensión.
Nómada: ¿por qué? ¿Cuál es la partida? ¿Dónde la parada? ¿Con la casa a cuestas: música a otra parte; otros ojos, distintos oídos, diferentes sensibilidades? ¿O es un de acá para allá más profundo? ¿Un ir y venir en el rol establecido?
Mensaje constructivo, elegante y sincero en ese bis del trío; ausencia de  recursos facilones de última hora, ejemplos de descrédito e irrespetuosidad hacia los espectadores: tupido telón sobre esos otros teatros.
Todos en pie. Ahora otras palmas merecidas, intensas, con el solo ritmo de la satisfacción y el contento, premio moral en compensación del disfrute: “Nómada” Manuel Liñán y compañía.


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