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viernes, 10 de noviembre de 2017

Divino, humano

 Aldeabitácora, con la colaboración de Pepe Dintel, ha entrevistado al pensador suizo, mundialmente reconocido, Giulio A. Rousseau. 

La mañana, como casi todas últimamente, es luminosa, y, gracias a ese vientecillo escoba que de cuando en cuando aparece en la ciudad, el cielo está limpio y con ese color que antaño era signo de la salubridad de la capital. A la plaza de Murillo apenas llega un poco de ese sol que hace unos meses se elevaba firme y riguroso por encima de árboles y edificios. El almez amarillea y pronto cederá el protagonismo a los majestuosos cedros, siempre verdes, siempre dispuestos, como guardianes del museo, impertérritos ante el paso del tiempo y los avatares humanos. La cita es en la puerta del invernadero, así que nada más entrar en el Jardín Botánico enfilo el primer camino que se dirige a la izquierda.
 Ya me espera. Le he podido divisar al sobrepasar la caseta donde guardan  aperos de jardinería. Destacan su elevada estatura, la frente despejada, que reluciría al sol si no estuviera en la umbría, y la oscuridad del rostro motivada por una barba ni corta ni larga, según comprobé cuando estuve lo suficientemente cerca. En el momento en el que me reconoció, sacó las manos del  chaquetón de paño negro, en el que destacan cuatro botones frontales, y se aprestó a saludarme. Antes del encuentro recordé la importancia que él da a lo que las manos expresan. Por eso le incomoda que se oculten las manos y no duda en criticar a los que te hablan con las manos en los bolsillos. Dice, aunque sospecho que puede ser una  manía, que hablar con las manos en los bolsillos indica desprecio y posibilidad de traición. La primera vez que le escuché esta afirmación me acordé de aquella canción en la que las manos están dentro del gabán, con una navaja, por lo que pueda pasar.
Buscamos un banco tranquilo, donde nos pudiera llegar algo de sol,  y lo encontramos junto al parterre donde florecen los lirios al comienzo de la primavera. Hablamos en castellano, que domina a la perfección, teñido suavemente de italiano.

     ¿Por qué en el Jardín Botánico? —comienzo.
     Oh, es un lugar que no dejo de visitar cuando vengo a Madrid. Soy un entusiasta de los jardines botánicos. He visitado muchos en el mundo y, por supuesto, soy asiduo de todos los de Europa. Me parece mucho mejor que una redacción, un estudio o una cafetería.
     ¿Cómo se lleva tener un antepasado tan ilustre? ¿Qué queda de su filosofía en tu forma de pensar?
     Dedicarme al pensamiento y llevar ese apellido es una gran responsabilidad. Pero no me agobio; yo pasaré y J.J.  quedará. Es posible que yo no vea al ser humano como algo tan bondadoso por naturaleza, pero lo que es cierto es que la complejidad en la organización social no nos lleva a nada bueno. La aspiración sin freno al confort de ciertas sociedades solo es posible si existe una supremacía de unos sobre otros, si existe una explotación, en el peor sentido de la palabra, de unos grupos humanos sobre otros y  una explotación del medio natural. Esa necesidad de supremacía de algunos grupos sobre otras personas, sobre los animales y sobre el conjunto de la naturaleza es el origen de los conflictos. Si es cierto que los humanos son seres sociales, gregarios, no deberíamos haber pasado de la pequeña tribu. Estas acumulaciones de millones de individuos, todos consumiendo alimentos, energía, agua, espacio vital y generando cantidades ingentes de residuos, fruto de nuestra naturaleza animal y de la tecnología, no tiene parangón en animales de nuestro tamaño y complejidad. Vamos derechos al abismo.
     Eres pesimista.
     Es posible que sea lo que se necesite. Un cataclismo que termine con estas aglomeraciones de individuos, más propias de seres microscópicos o de insectos. Lo peor  sería que nos llevásemos por delante otras especies que no han participado de nuestra locura.

Mientras pienso en la siguiente pregunta soy consciente  del reclamo de un carbonero que parece moverse, casi frenético, entre las ramas de un pino y del sonido que produce el rastrillo del empleado acumulando las hojas caídas en el camino que tenemos a la espalda.

     Has mencionado el pensamiento de J.J. Un aspecto de su filosofía, sobre la educación, quedó reflejado en su “Emilio”, un tratado en el que mostraba la diferencia entre la educación formativa y la informadora, entre otras cosas.  Por llevarte a la actualidad, y teniendo en cuenta que eres un gran hispanista, ¿qué opinas  sobre la intención de formar en el patriotismo a los educandos?
     Como dijo J.J., en educación lo que vale para un país puede que no sirva para otro. La intención formadora en valores patrióticos no tiene por qué ser negativa, pero esa intención surgida como reacción a una supuesta desafección hacia lo español en determinados territorios no es oportuna. España es un viejo estado y no necesitaría, en principio, exacerbar los valores nacionales identificativos como lo haría uno nuevo. El orgullo de un país no debe estar basado en unos colores, en un himno, ni siquiera en “hazañas” (pon comillas) coloniales de gentes que vivieron hace siglos. De lo que sí se puede presumir es de la capacidad para superar  conflictos, de su solidaridad, de sus aportaciones a un progreso bien entendido,  y a la paz mundial. Si se está convencido de los valores democráticos se puede tratar en el ámbito educativo todo lo que tenga que ver con los derechos de las personas y cómo ejercerlos con responsabilidad, cómo participar activamente en la sociedad y, por supuesto, el funcionamiento del sistema. En ese sentido, vuestra Educación para la Ciudadanía, era una opción oportuna y consecuente con los que se creen eso de los valores democráticos, como consecuente fue su eliminación por los que aceptan a regañadientes esos valores. Todo habría que hacerlo fomentado la crítica, que es la única manera de avanzar. Porque no me negarás que el sistema, democrático y todo, es imperfecto. No nos podemos conformar.
     No lo niego.
     Reconozco que no son situaciones comparables, porque ahora partís de un sistema con la homologación de democrático, pero más énfasis que puso Franco en exaltar los valores nacionales es difícil de encontrar  y aun así resultaron generaciones, a nivel popular,  muy poco afectas a ese tipo de nacionalismo, y eso que tenían una nula información de lo que era la democracia. Es una reacción lógica a la imposición y al empacho de misiones universales, imperio y parafernalia patriótica.
     Hablando de Franco. Después de todo ese tiempo, ¿cómo ves que se utilice "franquismo" o "fascista" para calificar decisiones u opiniones que tienen que ver con la situación en Cataluña?

Desde hace un rato merodea por el seto que tenemos a unos metros un petirrojo. Es uno de esos ejemplares atrevidos, y ahora, convencido de que somos inofensivos, se sitúa casi bajo nuestros pies y apreciamos a la perfección el inflamado color del pecho y la garganta. Se podría decir que nos sostiene la mirada, como si echara de menos algún tipo de comunicación. No dura mucho el mutuo interés. Por el camino perpendicular al parterre se acerca parloteando un grupo de infantes  armados de bolis y libretas y custodiados por su maestro y un monitor. Demasiado jaleo para el pájaro. Lejos los niños, continuamos  la conversación.

     La alusión al fascismo y a Franco es una manera de simplificar el mensaje, de popularizarlo, agitando un espantajo que conmueva, como es la alusión a una ideología que devastó Europa y a un personaje histórico despreciado, en general. Comprende que el recurso a la emoción, en este caso con visos de histeria en los principales protagonistas, es muy socorrido cuando falla la razón y la lógica.
     Pero no parece que el fantasma del dictador termine de abandonarnos en ciertas posturas políticas.
     Y parte de culpa, amigo Pepe, la tiene España. No se ha puesto en su sitio al régimen falangista: megalómanos monumentos que son homenajes, rendición de honores, aunque sean de pasada o de tapadillo, como decís vosotros, a militares sublevados, por decisivas que fuesen sus hazañas previas a la rebelión, trato indigno a víctimas y represaliados, contemporización con recuerdos en el espacio público, instituciones que tienen como fin la exaltación de la figura del dictador, etc.
     Pero en democracia se pueden cometer abusos por parte del poder.
     Por supuesto, y hay que denunciarlo y perseguirlo, pero España no es un estado fascista ni franquista, por más que haya personas a las que les gustaría que así lo fuera  por nostalgia autoritaria, u otras que pretender convencer de que lo es para  justificar su enfrentamiento con el Estado. Resulta curioso comprobar el fervor constitucional que muestran algunas personas que no reconocen debidamente que Franco se rebeló contra un Estado en cuya Constitución se supeditaba a los militares bajo el poder civil. Tan respetable, al menos, era la Constitución de la II República como la actual, por muchos millones de personas que en España dieran gracias al cielo por la intervención militar.
     ¿Quién ha dado un golpe de estado en España? —le pregunto.
     ¿Me vas a examinar de Historia de España? ¿Golpes? ¿Desde cuándo? (Reímos.) Hablando de memoria, te cito algunos, Fernando VII, Pavía, Primo de Rivera, Sanjurjo, Franco con un montón de generales más, Tejero y sus colaboradores…
     ¿Y Puigdemont?
     Desde luego, Rajoy no. Entiendo que el Gobierno ha actuado bajo el amparo de una norma constitucional que le permite medidas excepcionales para atajar la vulneración de la Constitución, la extralimitación de las competencias en los poderes ejecutivo y legislativo. Verás, un momento decisivo de toda esta situación se produjo cuando la administración catalana quedó intervenida y todos estábamos expectantes ante la actitud que tomarían los mandos de la Policía y los funcionarios. ¿Sabes qué me vino a la mente horas antes?
     No.
     1936. Un jefe de puesto de la Guardia Civil en un pueblo de Cataluña acuciado por unos cuantos simpatizantes de los sublevados para que se sumara al golpe. Una decisión entre acatar el orden constitucional o adherirse a una sublevación contra esa Constitución.  Si los actos del gobierno autonómico no son un golpe de Estado se parece bastante. Y minimizar la importancia del  pulso al Estado es equivocado, especialmente si se mantiene ese pulso. Es curioso que los que califican al estado español de franquista me hayan evocado precisamente a los sublevados contra la República. No por sus recursos, que difieren abismalmente, por intentar sustituir un orden constitucional por otro sin tener derecho a ello.

El madroño que tenemos a nuestra izquierda ya no nos deja que nos caliente el sol. Le propongo seguir charlando al mismo tiempo que caminamos. Mira el reloj y tuerce un poco el gesto. Me concede algo más de tiempo.

     Los suizos no tenéis esos problemas.
     Los tuvimos y muchos se resolvieron por la fuerza de las armas. También se recurrió a la guerra y a la dominación, no creas que hemos sido siempre tan pacíficos. Pero de eso hace muchos siglos. Pero no se debe olvidar que Suiza es lo que es porque las demás naciones así lo quisieron. Nunca faltan los problemas. Veo mi país encerrado en sí mismo. Y llegará un momento en el que, de la misma manera que no se pudo seguir viviendo exclusivamente de hacer relojes, el sistema económico, que no es imperecedero, se desmorone por la fuerza de los hechos. Ya te he dicho que la forma de vida capitalista es insostenible y además es injusta. ¿Pero a quién le importa la justicia? La verdadera justicia.

Al pasear, nos salen al encuentro de los ojos los arbustos, el verde de las coníferas y los tonos, entre amarillos y dorados, de los árboles que se preparan para un invierno que, sospecho, no será demasiado crudo. Sin ponernos de acuerdo, como si nos hubiéramos dado cuenta de que deberíamos aprovechar mejor lo que nos ofrece el paseo por el jardín, hablamos del otoño, de las hojas muertas, de los olmos y de la belleza de cipreses y sequoias.  El tiempo se termina. Él se marchará  y yo me quedaré para ver una exposición en uno de los pabellones. Junto a la tapia de la cuesta de Moyano nos despedimos y durante unos minutos permanezco quieto viendo como se aleja por el camino, buscando la salida.


martes, 17 de febrero de 2015

James Franco en "The Interview", dirigida por Goldberg: "¿Quién va a ir a América, donde no se comen los perritos?"

Según cuentan, Corea del  Norte es un país militarizado, considerado a sí mismo en guerra con  Estados Unidos. Para un gobierno, instalar en la población la sensación de conflicto bélico le permitirá aplicar medidas de control de los ciudadanos y justificar, apelando a la defensa o a la prevención, acciones violentas.
Con demasiada frecuencia observo el uso machaconamente repetido del término “guerra” para designar situaciones al margen de esa forma violenta de dirimir que es  la lucha armada. Sabiendo que “guerra” se pueda utilizar por extensión como “cualquier clase de lucha o de pugna entre personas” y figuradamente: “acción encaminada a destruir o poner fin a algo”, creo que la insistencia en utilizar ese término, aunque sea sin intención de manipular, puede llevar a las personas a considerar determinados hechos como guerra, moviendo a la gente a actuar como si verdaderamente ese conflicto, más o menos violento, se estuviese produciendo. No descubro nada nuevo si advierto que determinadas palabras difundidas regularmente van creando asociaciones mentales capaces de dar por sentados hechos, teorías e intenciones.  Conocemos las técnicas utilizadas por la propaganda. Eso no quiere decir que tal manipulación no pueda ser legítima, pero a lo que voy es a señalar que si se usa el término “guerra” se haga con conocimiento de causa: un uso exagerado e impropio puede tener consecuencias no deseadas.
Para Clausewitz  (1780-1831), docto en la teoría de la guerra, de importante influencia hasta nuestros días, la guerra es un duelo a escala vasta y , ese duelo, tiene como objetivo someter al otro contra su voluntad; su fin a corto plazo es abatir al adversario para hacerlo incapaz de resistirse.
Supongamos dos entes, el “A” y el “B”. El primero pretende someter al otro contra su voluntad, pero el segundo no pretende que “A” realice ninguna acción  ni sometimiento. Puede, incluso, que “B” no responda a la provocación. Está claro que el fenómeno va en un sentido, no en ambos. Un ejemplo de esta situación podría ser la extorsión sufrida por determinados comerciantes. ¿Es una guerra? No lo es. Si hay que aplicar un término sería “acoso”, porque más bien el hecho sería “perseguir sin darle tregua a un animal o a una persona” y figuradamente: “importunar, perseguir o fatigar a uno con molestias y trabajos”. Está claro que no es lo mismo buscar solución a una guerra que a algo que no lo es, aunque se lo llamemos.
Es cierto que hasta ahora me he referido al uso del término “guerra” en su sentido más belicoso. Hay otros, como se ve más arriba. Veamos el uso de “pugna” o  ”lucha” por extensión de “guerra”: siendo la pugna una “oposición entre personas, partidos o naciones”, interpreto una intención mantenida por oponerse y tampoco se podría aplicar en un solo sentido. A no ser, rizando el rizo, que la defensa ante una acción intimidatoria, se considere pugna o lucha. Si al retirar dinero de la caja intentan quitártelo podrás pugnar y hasta luchar, ¿estás en guerra? ¿Cuál es la solución adecuada? ¿Negociación para terminar la guerra?
Pasemos al sentido figurado: “acción encaminada para destruir o poner fin a algo”. Está claro que si no hay intención de destruir no hay guerra. Es verdad que se puede declarar la guerra al delito, al hambre, al cambio climático, a la corrupción y a todo lo que a uno se le pueda ocurrir, pero son guerras conceptuales; denotan una intención clara, con todos los medios posibles para conseguir el efecto. Es evidente que referirse a esta clase de guerras no implica sesgo susceptible de utilizarlo para manipular.
Espero que lo escrito, también en otras ocasiones, no se considere acción bélica para someter a alguien, ni para pugnar o luchar. Es, simplemente, pretender,  según mi criterio, que se utilicen los términos con propiedad y para recordar la responsabilidad que tienen todas las personas en sus acciones y omisiones. Yo no estoy en guerra.
¡Vaya! Nos hemos puesto serios cuando The Interview es una broma de principio a fin girando en torno a la interpretación de James Franco. Película con guiño a Con faldas y a lo loco en su escena final, que tuvo la habilidad de ponerme de buen humor.



martes, 10 de febrero de 2015

Por la calle de enmedio

Vaya usted a saber por qué, pero a mí lo que me llama hoy, para juntar letras, no es la política ni  los relatos inspirados por eventos. Vamos a ver qué tal me sale, porque las musas tienen vida propia, son autónomas;  si te obsesionas con ello, no funciona.

Conozco a un gurú muy particular, como suelen ser los gurús, al que, ¡vete tú a saber qué trauma infantil le aquejaba!, no le agradaban las imposiciones ni las condiciones. Tenía pocos amigos, la verdad, quizá yo fuese el único;  y, de vez en cuando, solo de vez en cuando, me enviaba mensajes. Había de todo: reflexiones, poemas, fotografías, dibujos…
"No me gustan tus blancos o negros, ni  el “lo tomas o lo dejas” con el que me adviertes. ¡Qué poco me importan tus tesis, tus hipótesis y tus corolarios! Si me quieres imponer “A”, elegiré  “B”. Cuando me obligues a escoger entre Domingo o Carreras, escucharé la música más pachanguera.
Yo no funciono así. Ya te he dicho que las imposiciones no me van, como tampoco el cronómetro de Damocles que dejas pender sobre mi cabeza, ni las varas de medir.
Te equivocaste en lo más grave, y sigues concluyendo, como en un vicio feroz, a partir de palabras y silencios, de comillas, cursivas, mayúsculas y hasta de los signos de puntuación. ¿No te das cuenta, diga lo que yo diga, haga lo que haga, demostrado está, que todo se resume en ascuas y sardinas?  Y no soy el primero que lo avisa.
¿Qué cuestión de estado se juega si son los martes o los viernes? ¿Está mal uno a la semana? ¿Dos, quizá? ¿O mejor cada quince días? Deja que me ría, porque me sigue pareciendo una tontería. A las primeras de cambio, se dan vueltas las tornas, como también se ha dicho. ¡Te conozco, bacalao!
No sé por qué escribo; ni lo sé ni me importa, no soy muy de analizar. Quizá “mientras haya un solo justo”…
Confía en mí, como hacen los amigos, aunque si no es así no te culpo. Mil cosas pueden pasar. Si no actúo como esperas, piensa en lo que me puede justificar, en algo que me pueda absolver: acertarás."
Al terminar de leer el escrito de mi amigo, recordé lo que decían de otro gurú dedicado a las finanzas:   cuando iba a tomar decisiones, una vez recopilados los datos objetivos de las empresas cotizadas, pasaba los días sin consentir que nadie le hiciera ningún comentario de tipo económico; no escuchaba las noticias ni leía los periódicos. Solo, en su despacho, buscaba la mayor objetividad. Nunca realizó una mala inversión.



viernes, 26 de diciembre de 2014

La palabra exacta: magia con Allen

Estaba dándole vueltas a la magia del cine cuando llegaron a mí la literatura y la música. “¿Y yo qué?”,  me dijeron cada una de ellas. Me vi en la necesidad de elegir, de establecer un orden en función de su capacidad mágica. Pensé en la película de Allen, por ejemplo, magia hablándonos de magia; facilidad para sorprender, casi sin darnos cuenta, dulcemente, sin cirugía invasiva; campiñas europeas, trovadores modernos, rosaledas y arriates a base de agapantos; una historia sencilla, evocadora y optimista; estos son los ingredientes del truco del  mago Allen.
Pasé a la literatura. No podemos discutir que gana en veteranía al cine. También es más accesible para los que quieren pertenecer al mundo mágico. Una película es un proyecto complejo, con limitaciones de duración y de presupuesto, requiriendo una pléyade de magos especialistas a las órdenes del ilusionista mayor. El cine, en muchas ocasiones, ha aprendido los trucos de la secular literatura.
Hacer magia escribiendo resulta tan sencillo… Leer una obra literaria es como encontrarse a solas con trucos e ilusiones, como si el autor estuviera dedicando la sesión solo para ti; es adentrarse en un mundo más abierto que el cine; los rostros, los colores, las voces, los pones tú, sales al escenario para ayudar en la función. Considero también a  la literatura con una gran capacidad para mostrar caminos; allí están todas las emociones, todos los dilemas, las razones, las causas, los males, las bondades…  Magia para mostrártelo todo sobre el alma humana. ¡Cuántas veces me digo: lástima no haberlo leído antes!
La música, con sus melodías y sus letras, es pura emoción. Es difícil que una película o  una obra literaria tengan la capacidad evocadora que puede generar una canción. Himnos, contraseña de revolución, alegrías compartidas, danza, mensajes amorosos, despedidas, cantos de tristeza y desamor…  Ni siquiera la poesía, más emotiva que la prosa, pero un tanto personal e intransferible, se acerca a la magia de la música.
Bien; ya están ordenadas. Unamos las tres: cine, canción y palabra exacta. Magia a la Luz de la Luna: elegante, muy elegante

viernes, 19 de diciembre de 2014

El arte, la educación y la utilidad

Fotografías, grabados, composiciones realizadas a base de huesos humanos, cerámica que parece salida de sueños abigarrados, proyección de cortometrajes, murales, colgaduras y exposición de libros con sugerentes y provocadores  títulos, entre otras obras, pretenden animarnos a reflexionar sobre educación alternativa, heterodoxa, fuera del sistema o,  incluso, antisistema. Una reflexión que nos plantea al arte como fuerza transformadora.
Para desarrollar esa reflexión,  a la que se nos invita, podemos partir de la premisa según la cual tenemos el mandato de transformar la sociedad. No vamos a adentrarnos ahora en los motivos por los que la sociedad actual se ha ganado a pulso el rechazo de una gran parte de la población.  Ahí están los movimientos ciudadanos surgidos como respuesta al recorte de sus derechos como personas,  en un sistema que perpetúa las desigualdades.
Tampoco vamos a descubrir ahora el papel que ha ejercido la educación en el mantenimiento del statu quo. Bien lo saben los que han utilizado el poder para cortar las alas a la capacidad transformadora del saber y para aumentar los privilegios de determinadas instituciones, que han encontrado en el campo de la enseñanza el principal sostén de su supervivencia y son correa de transmisión de un determinado tipo de conciencia.
La creatividad, la crítica, el rechazo a la jerarquía y la libre expresión de ideas y sentimientos fueron vencidos por la uniformidad y el principio de autoridad.  Prácticas y conocimientos desaparecieron tachados por inútiles volviendo a lo de siempre: masas de estudiantes repitiendo los mismos esquemas año tras año; saberes marcados como inútiles siendo realmente útiles.
El arte nos ofrece, para transformar la sociedad,  su gran capacidad de mostrar otras situaciones hijas de la heterodoxia, de la espontaneidad, de la rebelión contra las jerarquías y de la ausencia de adoctrinamiento.
Muchas ideas de corte económico, que podríamos llamar ahora “saber útil”,  surgen de los movimientos disconformes con el estado de cosas actual. ¿Y qué decimos de la educación? ¿Queremos "saber útil" o apostamos por el "saber realmente útil"?

Un saber realmente útil, exposición en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, hasta el 9 de febrero.




miércoles, 3 de diciembre de 2014

Interestelar

No me quiero imaginar que se pudiera hacer realidad la colonización de algún cuerpo celestial por nuestra sublime y egoísta especie. Porque, probablemente, además del pretexto de perpetuación de la especie, lo que se pretendería es trasplantar también la forma de vida. (He oído recientemente a un político de “centroderecha”, naturalmente, que, ante el avance de alternativas “populistas”, para eso están ellos, los de centroderecha, para defender “nuestra forma de vida”. Nos podríamos preguntar: la forma de vida… ¿de quién? Ejemplos de seres humanos que no están muy contentos con su forma de vida, los hay.)
Esa forma de vida transportada a otro lugar del espacio querría reproducir, incluido el béisbol, una determinada manera de entender la existencia y su relación con el medio. Por otra parte, a estas alturas no se ha conseguido otra manera de funcionar que no sea sustentar el bienestar de unos sobre la explotación de los otros. ¿A quién y a qué se explotaría en el caso de que los humanos buscasen otra residencia espacial?
Los seres vivos poseen mecanismos para la reproducción y para mantener su especie mientras exista el planeta como tal, facilitando la aparición de nuevas especies por evolución de las anteriores, pudiendo entrar en competencia con las existentes, conviviendo con ellas o suponiendo la merma de su población y su extinción. Todos los seres vivos están sometidos a este proceso, los humanos también. La diferencia es que nosotros somos conscientes de ello y es posible que en el futuro la humanidad se viera en la obligación de intervenir para salvar la especie y marcharse de aquí.
Me pregunto: ¿qué supondría para el cosmos la desaparición de la especie humana? La vida es maravillosa, pero somos una pequeña partícula perdida en la infinitud del universo cuya existencia es un suspiro inapreciable en la duración del todo. Sin embargo, nosotros, los reyes de la creación, hacemos y deshacemos en el planeta, como si fuese nuestro, para mantener nuestra forma de vida: impedimos la libre circulación de personas entre continentes y países, denegamos el acceso a los alimentos que produce la naturaleza porque el terreno sobre el que se sustentan tiene dueño, disponemos de los productos originados durante millones de años y nos creemos con derechos sobre plantas y animales para tener más confort, prolongar la vida o entretenernos  mientras esperamos la muerte, como dice Soprano.

Tengo muchas dudas respecto a si la especie se merece ser salvada en caso de cataclismo. Conocemos lo suficiente para que una parte de nosotros tenga una mejor existencia y disfrute de una mayor esperanza de vida, pues al final todo se resumen en eso; pero, como especie, ¿qué hemos aportado al todo? Entre la actualidad y el Antiguo Egipto, ¿cuál es la diferencia para el cosmos? No nos diferenciamos en nada. Seguimos montados en el planeta en un viaje que, este sí, es a ninguna parte.