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viernes, 10 de noviembre de 2017

Divino, humano

 Aldeabitácora, con la colaboración de Pepe Dintel, ha entrevistado al pensador suizo, mundialmente reconocido, Giulio A. Rousseau. 

La mañana, como casi todas últimamente, es luminosa, y, gracias a ese vientecillo escoba que de cuando en cuando aparece en la ciudad, el cielo está limpio y con ese color que antaño era signo de la salubridad de la capital. A la plaza de Murillo apenas llega un poco de ese sol que hace unos meses se elevaba firme y riguroso por encima de árboles y edificios. El almez amarillea y pronto cederá el protagonismo a los majestuosos cedros, siempre verdes, siempre dispuestos, como guardianes del museo, impertérritos ante el paso del tiempo y los avatares humanos. La cita es en la puerta del invernadero, así que nada más entrar en el Jardín Botánico enfilo el primer camino que se dirige a la izquierda.
 Ya me espera. Le he podido divisar al sobrepasar la caseta donde guardan  aperos de jardinería. Destacan su elevada estatura, la frente despejada, que reluciría al sol si no estuviera en la umbría, y la oscuridad del rostro motivada por una barba ni corta ni larga, según comprobé cuando estuve lo suficientemente cerca. En el momento en el que me reconoció, sacó las manos del  chaquetón de paño negro, en el que destacan cuatro botones frontales, y se aprestó a saludarme. Antes del encuentro recordé la importancia que él da a lo que las manos expresan. Por eso le incomoda que se oculten las manos y no duda en criticar a los que te hablan con las manos en los bolsillos. Dice, aunque sospecho que puede ser una  manía, que hablar con las manos en los bolsillos indica desprecio y posibilidad de traición. La primera vez que le escuché esta afirmación me acordé de aquella canción en la que las manos están dentro del gabán, con una navaja, por lo que pueda pasar.
Buscamos un banco tranquilo, donde nos pudiera llegar algo de sol,  y lo encontramos junto al parterre donde florecen los lirios al comienzo de la primavera. Hablamos en castellano, que domina a la perfección, teñido suavemente de italiano.

     ¿Por qué en el Jardín Botánico? —comienzo.
     Oh, es un lugar que no dejo de visitar cuando vengo a Madrid. Soy un entusiasta de los jardines botánicos. He visitado muchos en el mundo y, por supuesto, soy asiduo de todos los de Europa. Me parece mucho mejor que una redacción, un estudio o una cafetería.
     ¿Cómo se lleva tener un antepasado tan ilustre? ¿Qué queda de su filosofía en tu forma de pensar?
     Dedicarme al pensamiento y llevar ese apellido es una gran responsabilidad. Pero no me agobio; yo pasaré y J.J.  quedará. Es posible que yo no vea al ser humano como algo tan bondadoso por naturaleza, pero lo que es cierto es que la complejidad en la organización social no nos lleva a nada bueno. La aspiración sin freno al confort de ciertas sociedades solo es posible si existe una supremacía de unos sobre otros, si existe una explotación, en el peor sentido de la palabra, de unos grupos humanos sobre otros y  una explotación del medio natural. Esa necesidad de supremacía de algunos grupos sobre otras personas, sobre los animales y sobre el conjunto de la naturaleza es el origen de los conflictos. Si es cierto que los humanos son seres sociales, gregarios, no deberíamos haber pasado de la pequeña tribu. Estas acumulaciones de millones de individuos, todos consumiendo alimentos, energía, agua, espacio vital y generando cantidades ingentes de residuos, fruto de nuestra naturaleza animal y de la tecnología, no tiene parangón en animales de nuestro tamaño y complejidad. Vamos derechos al abismo.
     Eres pesimista.
     Es posible que sea lo que se necesite. Un cataclismo que termine con estas aglomeraciones de individuos, más propias de seres microscópicos o de insectos. Lo peor  sería que nos llevásemos por delante otras especies que no han participado de nuestra locura.

Mientras pienso en la siguiente pregunta soy consciente  del reclamo de un carbonero que parece moverse, casi frenético, entre las ramas de un pino y del sonido que produce el rastrillo del empleado acumulando las hojas caídas en el camino que tenemos a la espalda.

     Has mencionado el pensamiento de J.J. Un aspecto de su filosofía, sobre la educación, quedó reflejado en su “Emilio”, un tratado en el que mostraba la diferencia entre la educación formativa y la informadora, entre otras cosas.  Por llevarte a la actualidad, y teniendo en cuenta que eres un gran hispanista, ¿qué opinas  sobre la intención de formar en el patriotismo a los educandos?
     Como dijo J.J., en educación lo que vale para un país puede que no sirva para otro. La intención formadora en valores patrióticos no tiene por qué ser negativa, pero esa intención surgida como reacción a una supuesta desafección hacia lo español en determinados territorios no es oportuna. España es un viejo estado y no necesitaría, en principio, exacerbar los valores nacionales identificativos como lo haría uno nuevo. El orgullo de un país no debe estar basado en unos colores, en un himno, ni siquiera en “hazañas” (pon comillas) coloniales de gentes que vivieron hace siglos. De lo que sí se puede presumir es de la capacidad para superar  conflictos, de su solidaridad, de sus aportaciones a un progreso bien entendido,  y a la paz mundial. Si se está convencido de los valores democráticos se puede tratar en el ámbito educativo todo lo que tenga que ver con los derechos de las personas y cómo ejercerlos con responsabilidad, cómo participar activamente en la sociedad y, por supuesto, el funcionamiento del sistema. En ese sentido, vuestra Educación para la Ciudadanía, era una opción oportuna y consecuente con los que se creen eso de los valores democráticos, como consecuente fue su eliminación por los que aceptan a regañadientes esos valores. Todo habría que hacerlo fomentado la crítica, que es la única manera de avanzar. Porque no me negarás que el sistema, democrático y todo, es imperfecto. No nos podemos conformar.
     No lo niego.
     Reconozco que no son situaciones comparables, porque ahora partís de un sistema con la homologación de democrático, pero más énfasis que puso Franco en exaltar los valores nacionales es difícil de encontrar  y aun así resultaron generaciones, a nivel popular,  muy poco afectas a ese tipo de nacionalismo, y eso que tenían una nula información de lo que era la democracia. Es una reacción lógica a la imposición y al empacho de misiones universales, imperio y parafernalia patriótica.
     Hablando de Franco. Después de todo ese tiempo, ¿cómo ves que se utilice "franquismo" o "fascista" para calificar decisiones u opiniones que tienen que ver con la situación en Cataluña?

Desde hace un rato merodea por el seto que tenemos a unos metros un petirrojo. Es uno de esos ejemplares atrevidos, y ahora, convencido de que somos inofensivos, se sitúa casi bajo nuestros pies y apreciamos a la perfección el inflamado color del pecho y la garganta. Se podría decir que nos sostiene la mirada, como si echara de menos algún tipo de comunicación. No dura mucho el mutuo interés. Por el camino perpendicular al parterre se acerca parloteando un grupo de infantes  armados de bolis y libretas y custodiados por su maestro y un monitor. Demasiado jaleo para el pájaro. Lejos los niños, continuamos  la conversación.

     La alusión al fascismo y a Franco es una manera de simplificar el mensaje, de popularizarlo, agitando un espantajo que conmueva, como es la alusión a una ideología que devastó Europa y a un personaje histórico despreciado, en general. Comprende que el recurso a la emoción, en este caso con visos de histeria en los principales protagonistas, es muy socorrido cuando falla la razón y la lógica.
     Pero no parece que el fantasma del dictador termine de abandonarnos en ciertas posturas políticas.
     Y parte de culpa, amigo Pepe, la tiene España. No se ha puesto en su sitio al régimen falangista: megalómanos monumentos que son homenajes, rendición de honores, aunque sean de pasada o de tapadillo, como decís vosotros, a militares sublevados, por decisivas que fuesen sus hazañas previas a la rebelión, trato indigno a víctimas y represaliados, contemporización con recuerdos en el espacio público, instituciones que tienen como fin la exaltación de la figura del dictador, etc.
     Pero en democracia se pueden cometer abusos por parte del poder.
     Por supuesto, y hay que denunciarlo y perseguirlo, pero España no es un estado fascista ni franquista, por más que haya personas a las que les gustaría que así lo fuera  por nostalgia autoritaria, u otras que pretender convencer de que lo es para  justificar su enfrentamiento con el Estado. Resulta curioso comprobar el fervor constitucional que muestran algunas personas que no reconocen debidamente que Franco se rebeló contra un Estado en cuya Constitución se supeditaba a los militares bajo el poder civil. Tan respetable, al menos, era la Constitución de la II República como la actual, por muchos millones de personas que en España dieran gracias al cielo por la intervención militar.
     ¿Quién ha dado un golpe de estado en España? —le pregunto.
     ¿Me vas a examinar de Historia de España? ¿Golpes? ¿Desde cuándo? (Reímos.) Hablando de memoria, te cito algunos, Fernando VII, Pavía, Primo de Rivera, Sanjurjo, Franco con un montón de generales más, Tejero y sus colaboradores…
     ¿Y Puigdemont?
     Desde luego, Rajoy no. Entiendo que el Gobierno ha actuado bajo el amparo de una norma constitucional que le permite medidas excepcionales para atajar la vulneración de la Constitución, la extralimitación de las competencias en los poderes ejecutivo y legislativo. Verás, un momento decisivo de toda esta situación se produjo cuando la administración catalana quedó intervenida y todos estábamos expectantes ante la actitud que tomarían los mandos de la Policía y los funcionarios. ¿Sabes qué me vino a la mente horas antes?
     No.
     1936. Un jefe de puesto de la Guardia Civil en un pueblo de Cataluña acuciado por unos cuantos simpatizantes de los sublevados para que se sumara al golpe. Una decisión entre acatar el orden constitucional o adherirse a una sublevación contra esa Constitución.  Si los actos del gobierno autonómico no son un golpe de Estado se parece bastante. Y minimizar la importancia del  pulso al Estado es equivocado, especialmente si se mantiene ese pulso. Es curioso que los que califican al estado español de franquista me hayan evocado precisamente a los sublevados contra la República. No por sus recursos, que difieren abismalmente, por intentar sustituir un orden constitucional por otro sin tener derecho a ello.

El madroño que tenemos a nuestra izquierda ya no nos deja que nos caliente el sol. Le propongo seguir charlando al mismo tiempo que caminamos. Mira el reloj y tuerce un poco el gesto. Me concede algo más de tiempo.

     Los suizos no tenéis esos problemas.
     Los tuvimos y muchos se resolvieron por la fuerza de las armas. También se recurrió a la guerra y a la dominación, no creas que hemos sido siempre tan pacíficos. Pero de eso hace muchos siglos. Pero no se debe olvidar que Suiza es lo que es porque las demás naciones así lo quisieron. Nunca faltan los problemas. Veo mi país encerrado en sí mismo. Y llegará un momento en el que, de la misma manera que no se pudo seguir viviendo exclusivamente de hacer relojes, el sistema económico, que no es imperecedero, se desmorone por la fuerza de los hechos. Ya te he dicho que la forma de vida capitalista es insostenible y además es injusta. ¿Pero a quién le importa la justicia? La verdadera justicia.

Al pasear, nos salen al encuentro de los ojos los arbustos, el verde de las coníferas y los tonos, entre amarillos y dorados, de los árboles que se preparan para un invierno que, sospecho, no será demasiado crudo. Sin ponernos de acuerdo, como si nos hubiéramos dado cuenta de que deberíamos aprovechar mejor lo que nos ofrece el paseo por el jardín, hablamos del otoño, de las hojas muertas, de los olmos y de la belleza de cipreses y sequoias.  El tiempo se termina. Él se marchará  y yo me quedaré para ver una exposición en uno de los pabellones. Junto a la tapia de la cuesta de Moyano nos despedimos y durante unos minutos permanezco quieto viendo como se aleja por el camino, buscando la salida.


miércoles, 16 de marzo de 2016

Tarde en el Ateneo de Madrid

La semana pasada el Ateneo de Madrid organizó un encuentro sobre terrorismo y Derechos Humanos. Para ello la veterana institución cultural contó con expertos pertenecientes a ONGs  y con miembros de estamentos judiciales españoles. Por lo interesante del tema y porque las ideas que se expusieron merece la pena conocerlas me he tomado la libertad de realizar un resumen de las intervenciones.
En primer lugar se señaló que el terrorismo es lo contrario a los Derechos Humanos porque es imponer las ideas con violencia, pero que no procede responder a esa violencia con más violencia. Y, desde el punto de vista de los jueces, es importante que no se vea a los terroristas como enemigos, puesto que los servidores de la justicia no combaten, solo aplican el ordenamiento judicial. Este ordenamiento, se dijo, depende de los legisladores y es muy importante que los ciudadanos actúen con responsabilidad a la hora de elegir a sus representantes políticos.
También se destacó, en este acto, la relatividad del concepto de terrorismo, ya que puede variar en el tiempo en función de una situación concreta. Criticando, más adelante, la definición de terrorismo en la actual legislación española por ser poco precisa (poniendo esta afirmación en boca de “expertos”), señalando que, en ocasiones, hay legislaciones que permiten imputar por terrorismo a capacidades de actuar, al visionado de vídeos con actos terroristas o a informarse sobre atentados o sobre ideología de grupos violentos. Esto puede llevar, se dijo, a criminalizar el humor negro y los comentarios descontextualizados. Añadiendo: los procedimientos procesales extraordinarios hacen más fáciles los malos tratos y las torturas; los jueces son garantía ante el uso de ciertos recursos, pero en ocasiones se ven desbordados en el  control de los servicios de inteligencia, con sistemas “no muy distintos al de Rusia”. Abundando en ello, se afirmó que no nos debe dejar indiferentes que se controlen las comunicaciones de las personas porque no se debe pagar el precio de los Derechos Humanos para combatir al terrorismo.
Más adelante se comparó la respuesta a los atentados del 11S en Estados Unidos y los más recientes de París frente a los atentados del 11 de marzo en Madrid para afirmar que en España primó el respeto a los Derechos Humanos, mientras que en  otros casos se prefirió una respuesta violenta, olvidando el derecho, interceptando comunicaciones incluso de aliados, o respondiendo con bombardeos. Se pusieron como ejemplo las circunstancias de Afganistán, Irak o Libia, donde se ha ido a peor.
La experiencia ante terroristas yihadistas sirvió para poner de manifiesto que este tipo de terrorismo requiere adoctrinamiento y preparación ideológica con importantes aparatos de captación y propaganda, siendo una de sus características la exaltación de supuestos agravios de Occidente, y que las respuestas violentas y al margen del derecho, “como Guantánamo”, generan más violencia.
Durante este acto se lamentó la limitación, desde el año 2014, de la jurisdicción universal, porque era una buena forma de combatir al terrorismo.
 El dirigente de la ONG que lucha por los Derechos Humanos, participante en el encuentro,  dio una mala noticia: “la potenciación de los Derechos Humanos en el mundo está en peligro. La acción deliberada de los gobiernos la hace peligrar”. Puso como ejemplos del deterioro de los Derechos Humanos: las restricciones al derecho de libertad de expresión; los grupos armados que cometen crímenes de guerra y controlan territorios; los gobiernos que reprimen el pensar y el opinar como los casos de represión hacia activistas y sindicalistas en Angola, los dos millones de funcionarios que en China se dedican a controlar internet, la despiadada campaña contra opositores en Egipto, el caso de los reyes de la vigilancia de las comunicaciones que son los EEUU y el Reino Unido,  y la excepcionalidad en los derechos individuales en Francia que afecta a muchas personas pero dando resultados muy pobres. Respecto a España propuso repensar las leyes antiterroristas para primar los Derechos Humanos y eliminar la “ley Mordaza”. De cara a dar salida a los retrocesos en materia de derechos propuso: que los gobiernos acaten ciertas reglas insoslayables, especialmente gobiernos de gran influencia mundial o regional como Francia, EEUU o India; y convencer a la opinión pública de que se puede luchar contra el terrorismo para proteger a los ciudadanos, pero respetando los Derechos Humanos, resarciendo a las víctimas y de que hay que ser conscientes de que “lo que le pasa a otros me puede pasar a mí”.