miércoles, 8 de marzo de 2017
Día de la Mujer. Que no se lo lleve el viento
viernes, 2 de diciembre de 2016
Quinto poder
Estaba yo dándole vueltas a cómo satisfacer a la audiencia,
exigua, pero ávida de unas líneas, como esas cartas anheladas que se esperaban antiguamente
como señal de vida, y venía ya dispuesto a martirizar al buen hacer en la
escritura continuando con relatos underground, cuando las redes sociales me han
puesto en bandeja darle salida a una inquietud intelectual a la que tenía ganas
de hincarle el diente.
La capacidad de comunicación entre personas, o sea, entre "la
gente", que existe en la actualidad pone nerviosos a los que hasta hace poco han
mantenido el monopolio de la opinión. Siempre ha habido manera, más o menos
reprimida, de expresar distintas ideas de las oficiales a través de pintadas,
pasquines, emisoras clandestinas u octavillas; pero su alcance era limitado y su utilización podía ser, incluso,
peligrosa. Internet ha supuesto una revolución en el ámbito del intercambio de
ideas y nos ha puesto en el camino de la auténtica democracia, con una
trascendencia similar al hecho de que la instrucción dejara de ser una
prerrogativa del clero y de las capas pudientes de la sociedad. Pero sucede que
las redes sociales se han convertido en
el chivo expiatorio de actitudes que quedan en evidencia y expuestas al albur
de que millones de ciudadanos, ciudadanos que piensan, expresen su opinión. Que
alguien se expresa respecto a cualquier circunstancia y el personal quiere ver
incongruencias en su actitud, la culpa es de las redes sociales. Que se pone de
manifiesto la apuesta de determinados grupos económicos y empresariales por
opciones políticas concretas, la culpa es de las redes sociales, y de los
hábiles que las manejan. Que profesiones que se han considerado influyentes y
élite social están bajando del pedestal, las redes sociales y los hábiles que
las manejan son el enemigo. Y sin embargo, aunque consideren a las redes
sociales una peste, no se privan de tener su hueco y les encantaría que cayeran bajo su órbita de
influencia.
Internet se ha definido como un derecho y se promueve su
extensión también a sociedades deprimidas, pero su uso no puede ir en un solo
sentido: el de recibir; también es necesario el intercambio de ideas y de
opiniones, y la forma más espectacular de ejercer ese derecho es la de las redes sociales, aunque no la única.
El poder de la comunicación sin intermediarios tiene que asustar, pero a los
regímenes totalitarios, esos que ponen trabas al uso libre de internet.
Hablemos claro: estará en su derecho, pero nadie,
absolutamente nadie, que reciba una compensación económica de una empresa
actuará con total libertad e independencia. Eso se sabe; por ello existen
sectores en los que parece inconcebible prescindir de organismos de titularidad pública que sirvan
de contrapeso a grandes corporaciones con lógicos intereses crematísticos. Y
ahora no está mal cuestionarlo todo, creerse lo justo y terminar con sacerdocios
de ceremonias mediáticas.
Las redes sociales, internet en general, son un poder. Un
poder que sirve para compensar prácticas elitistas, para que ciertos temas no
se olviden con la excusa de que no venden y para que el resto de los poderes no
se duerman en los laureles soñando con glorias pasadas. Las redes sociales
están ahí para todos; su uso no está limitado más que por las leyes porque todo
lo demás está sujeto a punto de vista y cualquiera puede utilizarlas sin que se
necesite pertenecer a un determinado club o grupo de presión.
El sensacionalismo, el libelo, el sectarismo, la insidia, la
mentira, el rumor, el infundio, la manipulación, la inquina, el insulto, la
falta de respeto, el adoctrinamiento y
los errores de bulto no los han inventado las redes sociales.
miércoles, 9 de noviembre de 2016
¿Daimiel?
![]() |
| Garceta Común |
![]() |
| Gaviota Sombría (izqda.) y Gaviota Reidora (dcha.) |
![]() |
| Ánade Real (hembra) |
![]() |
| Ánade Real (Machos izquda., hembras dcha.) |
![]() |
| Ánade Real |
![]() |
| Río Manzanares |
Fotografías tomadas en noviembre de 2016, en el río Manzanares, entre el Puente de Castilla y el Puente del Rey. (De la zona del Parque del Oeste a la de Principe Pío.)
jueves, 27 de octubre de 2016
Manifestación en Madrid, 26-O, contra políticas en Educación del PP
Etiquetas:
educación,
España,
manifestación
viernes, 16 de septiembre de 2016
miércoles, 13 de abril de 2016
Con OXFAM Intermón y los activistas por una fiscalidad justa
Presentación1 from Emimarcru
Etiquetas:
activismo,
encuentro,
fiscalidad,
Oxfam Intermón,
papeles de Panamá,
presentación,
sociedad civil
viernes, 1 de abril de 2016
Aldeabitácora entrevista a ZD
El Zorro Desenmascarador es un personaje que deambula por
pueblos y ciudades, como un héroe de tebeo, sacando a la luz supercherías,
pinchando burbujas hinchadas a base de palabrería y luchando contra las
versiones interesadas. Aldeabitácora ha mantenido un encuentro con ZD y le ha formulado
una serie de preguntas, en animada charla, a este “caballero andante”.
Esperamos que la entrevista sea del interés de los lectores.
¿Es usted peligroso? Ya sé por
dónde vas. Bueno, antes de contestar quiero agradecer a Aldeabitácora la oportunidad que me da para difundir mi lucha. Supongo que el hecho de no estar mediatizado por ningún poder me
confiere una capacidad de actuación que no tienen otros. Sucede lo mismo que
con las organizaciones que no reciben recursos de instituciones: son más libres
para actuar y para opinar. Tendrá que ser así, pero da cierta pena, y a veces
indignación, comprobar cómo algunas organizaciones son muy beligerantes excepto
con aquellos de los que depende la difusión de sus actividades. Deberían
reflexionar porque los avances en su admirable labor queda contrarrestada con
creces por actitudes retrógradas pintadas de modernismo; tragan y luego se
quejan de que las cosas van a peor. Esto no sucede porque la gente sea ni mejor
ni peor que antes, sucede porque se siente respaldada implícitamente. Opinar en contra de los poderes es peligroso.
Y si yo me dedico a la comunicación, a la cultura, al arte o a filosofar y te
digo que tú, que me estás entrevistando, eres peligroso porque no tienes pelos
en la lengua, es que yo, que me dedico a la comunicación, a la cultura o a
filosofar, no soy peligroso, tengo pelos en la lengua, seguramente por depender
de algún poder, generalmente económico.
Ha mencionado usted la filosofía. ¿Qué es un filósofo?
Supongo que quieres ir más allá de la propia definición de filosofía, porque de
lo contrario lo mejor es que cogiéramos tu teléfono inteligente y lo miráramos
en Google. Yo creo que un filósofo es alguien que reflexiona, que piensa, sobre
la existencia humana; que elucubra, sugiere, explica sobre la esencia de lo que
significa ser persona. De la misma manera que la materia está constituida por
átomos, el cuerpo de las ideas estaría formado por unidades básicas de
pensamiento; a desentrañar estas
unidades se dedicaría la persona que filosofa. Y cualquiera puede filosofar,
siempre que esa idea, ese pensamiento surja de uno mismo, o lo haga suyo tras
reflexionar. Evidentemente, el conocimiento de la Filosofía ayuda en ese
discurrir y filosofará más y mejor quien haya estudiado Filosofía, pero, si no
se ha producido una idea nueva en el propio bagaje intelectual que suponga un
avance en el mundo de la Filosofía, habría que cuidarse mucho en autodefinirse
como filósofo, sobre todo por respeto a Kant y compañía. Para mí, y en
principio, no es lo mismo un filósofo que un catedrático de Filosofía, aunque
tenga todo el derecho a utilizar su título como le parezca, como tampoco es lo
mismo un pedagogo que alguien que, sin más, se dedicó a la enseñanza.
¿Enseñanza o educación? Pues mira, hubo un tiempo en el que
se consideró, hablando claro, que educar era equivalente a domesticar y desde
los ambientes más progresistas, cuando se pusieron en solfa las verdades
oficiales de la dictadura franquista, surgió la denominación de enseñante. Esta
denominación tiene sus ventajas. Referirse a enseñanza, en lugar de educación,
es más humilde y pone el énfasis en una actividad más profesional y más
ajustada a la realidad. Es más profesional al eliminar la carga vocacional que
se le supone a la educación, algo así como un sacerdocio en el que hay que
renunciar a muchas cosas, y se ha utilizado ese supuesto cariz vocacional para
justificar malas condiciones de trabajo de los enseñantes. Se permiten unas
condiciones de trabajo impensables en otros sectores. Y cuando digo más
ajustada a la realidad me refiero a que ese proceso adaptativo que debería ser
la educación hoy día no se realiza, en su mayor parte, en la escuela. Incluso
voy a ir más allá: para determinadas situaciones la escuela perjudica la
educación porque la adaptación a la vida a la que me refería antes solo se
realiza en un sentido, cuando se debería realizar en ambos.
¿Me puede explicar esto?
No lo acabo de entender. Cada
persona necesita realizarse como individuo, al mismo tiempo que nuestra
organización social requiere individuos adaptados a una forma determinada de
entender las relaciones sociales. La adaptación, por tanto, debe ir en los dos
sentidos: del individuo a la sociedad y de la sociedad hacia el individuo.
Y, según usted, esa especie de reacción de doble sentido no
está equilibrada. Exacto. Generalmente, los educandos, más allá de la escuela,
soportan un troquelado respecto a una determinada manera de entender la vida, la autoridad, la muerte, la
trascendencia, al otro, a la otra, al dinero, a la naturaleza, etc. En
ocasiones, “la educación” consigue individuos adaptados, otros dirían
domesticados, a costa de las necesidades personales, y en otras, el resultado es
excluyente en el acceso a una vida digna. Luego, resulta que hay gente que dice
que hay que desaprender lo que nos enseñaron para ser más felices, evidentemente
se refieren a la educación no a aprender a leer, a escribir, o a conocer la
música, ¡pues vaya un viaje que hemos hecho! Podíamos haber empezado por ahí.
Entonces, si distinguimos enseñanza y educación, ¿cuáles son
los problemas que están por resolver, hoy en día, en una y en otra? En la
enseñanza está muy claro: falta profesionalidad, formación continua y unas condiciones
de trabajo adecuadas, tanto en los profesores como en los equipos directivos;
la importancia de estos últimos en una adecuada organización y buen ambiente de
trabajo es esencial para conseguir eficacia. Por lo que respecta a la educación
te puedo decir que educación y sociedad no son compartimentos estancos: no se
puede “enseñar” la solidaridad, el
respeto, la generosidad, el espíritu crítico… Todo eso hay que vivirlo en todos
los aspectos de la vida: en la escuela, en la convivencia personal, en el
grupo, en la empresa, en la cultura, en el arte y en el ocio; pero no se puede pedir
eso de unos, los educandos, cuando el conjunto de la sociedad va por otros
caminos. No se puede basar la educación en la hipocresía porque termina
reventando lo que supuestamente se pretendía. Cargar las tintas en aquello tan
socorrido de que los padres no saben decir “no” o en el mal uso de las nuevas
tecnologías es, por lo menos, simplificar mucho las cosas.
¿Son tan determinantes los padres a la hora de conseguir
individuos adaptados? Uf. Mira, una cosa está clara: la disponibilidad de
medios culturales y económicos en la familia siempre ha sido, y lo sigue
siendo, un factor determinante en el éxito académico; aunque puede haber
circunstancias del azar de la vida que puedan haber contrarrestado semejante
determinismo, pero, en general, es así.
Otras cosas no están tan claras: padres despóticos o egoístas o avariciosos, por ejemplo, cuyos
hijos no comparten esos estilos; y al
contrario también sucede. Creo que hay componentes de la forma de ser que se escapan
al control, quizá sea una carga genética y, de la misma manera que se aprende a
controlar otros impulsos innatos, se manifiestan de una forma atenuada o
tolerable en función de cómo se responda a los estímulos del ambiente. Por
ejemplo: estoy convencido de que el egoísmo, que en principio nos suena tan mal,
es una característica innata de la persona. Y es posible que, en su momento, la
actitud egoísta fuese, adaptativamente hablando, lo que salvase a un individuo
de morir de hambre al robar la poca comida disponible para el grupo. En otros
casos pudo suceder lo contrario: una actitud no egoísta pudo ser el mecanismo
para ser aceptado y protegido por otros. La verdad es que los padres son, en muchas
ocasiones, “la percha de los golpes” de los supuestos problemas de los hijos. Y
esto es lo más fácil, pero no siempre es acertado.
¿Justifican tanto los padres a los hijos como se dice? Pues yo creo que existe una tendencia a pensar que los padres se ponen en contra de los profesores, por ejemplo, por sistema y se pretende que lo que dice el profesor, sus actuaciones y actitudes tengan valor de ley. Eso es un disparate. Si las cosas fuesen como deberían, los padres, como responsables últimos de los hijos no deberían tener ningún problema para el conocimiento y control de lo que sucede en el aula, qué se enseña a su hijo, cómo se hace y cómo es evaluado. Es su derecho. Estamos cansados de ver arbitrariedades e inoperancias en profesores que afectan a los niños y jóvenes. Muchas cosas que se hacen o se dicen, o el aburrimiento sistemático, en el aula no las soportaría un adulto medianamente consciente de sus derechos. Tal y como se hacen ahora las cosas resulta muy difícil saber quién lo hace bien y quién lo hace mal, y tomar medidas. El que hace las cosas bien y con fundamento no tiene miedo al control o a ser cuestionado. Hay que desnudarse de prejuicios que hacen que los procesos vayan en un solo sentido. Siempre hay excusas para cargar en el más débil. Hay padres que se ven inermes frente a la burocracia y el sistema.
¿Justifican tanto los padres a los hijos como se dice? Pues yo creo que existe una tendencia a pensar que los padres se ponen en contra de los profesores, por ejemplo, por sistema y se pretende que lo que dice el profesor, sus actuaciones y actitudes tengan valor de ley. Eso es un disparate. Si las cosas fuesen como deberían, los padres, como responsables últimos de los hijos no deberían tener ningún problema para el conocimiento y control de lo que sucede en el aula, qué se enseña a su hijo, cómo se hace y cómo es evaluado. Es su derecho. Estamos cansados de ver arbitrariedades e inoperancias en profesores que afectan a los niños y jóvenes. Muchas cosas que se hacen o se dicen, o el aburrimiento sistemático, en el aula no las soportaría un adulto medianamente consciente de sus derechos. Tal y como se hacen ahora las cosas resulta muy difícil saber quién lo hace bien y quién lo hace mal, y tomar medidas. El que hace las cosas bien y con fundamento no tiene miedo al control o a ser cuestionado. Hay que desnudarse de prejuicios que hacen que los procesos vayan en un solo sentido. Siempre hay excusas para cargar en el más débil. Hay padres que se ven inermes frente a la burocracia y el sistema.
Pone usted muy mal las cosas. Claro. El sistema puede mucho. A veces se mira para otro lado y se ponen “retintines” y “peros” muy significativos. Fíjate que alguien que se autodenomina pedagogo escribía el otro día que, hablando de una caso escolar de maltrato entre iguales, seguramente los profesores no hicieron nada porque si el maltratado no utilizaba los medios puestos a su alcance, pues… Debe ser que cuando estaba en activo hubiera esperado que el acosado se subiera a su tarima de cátedra para quejarse. Y es que no se puede ver el mundo educativo como si estuvieras en una trinchera, peleando para un lado.
¿No es usted un poco antisistema? No. En el mundo de la enseñanza no lo soy un poco, lo soy bastante, ja, ja.
Etiquetas:
educación,
enseñanza,
entrevista ficticia como recurso,
opiniones,
ZD
Suscribirse a:
Entradas (Atom)










